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El Valor añadido de las transacciones se basará en la creatividad



El triunfo empieza hoy, no podía ser mejor título para un especial en el que hablamos del futuro de las tecnologías de la información.

Cada nuevo día nace virgen. De poco valen nuestras formas tradicionales de hacer las cosas. Cada amanecer, navegamos hacia un puerto diferente. De vez en cuando nos cambian el barco (ha dicho un gurú  americano que ya no se lleva eso de navegar en barco; que para ser más competitivo hay que ir nadando. Pues, ¿hala!, como lo dice el americano todos nadando.

Originariamente, la persona, como recurso productivo aportaba su fuerza física, su capacidad intelectual y sus ideas. La Revolución Industrial aparcó la idea de utilizar al hombre por sus cualidades físicas, por lo que debía demostrar la valía de su capacidad intelectual y sus ideas. En el siglo XX hemos visto el crecimiento del mercado de los ipmarkbienwebservicios. Este mercado aprovecha la capacidad intelectual y las ideas del hombre para exprimir los resultados de la industria, dando un valor añadido a sus productos y subproductos. Antes comprabas un coche, hoy encontrarás un renting. Los economistas de la empresa de renting analizan los gastos que se van a producir sobre el coche y el comercial te informa de las condiciones de la operación.

 La revolución tecnológica deja sin valor la capacidad intelectual de la persona, y lo único importante que queda son sus ideas. El ordenador y el software van a sustituir todas las tareas que mecánicamente realizamos con la cabeza. En la medida que la empresa de renting aumenta el conocimiento sobre sus servicios, automatiza mediante software el cálculo de los presupuestos. Y el propio cliente va a poder conectarse a este software y realizarse su proyecto.

¿Qué queda del economista? ¿Y del comercial? Al igual que se ha demostrado que el hombre ya no es rentable para troquelar y cargar chapas metálicas, tampoco va a estar justificado que se dedique a rellenar hojas de cálculo o a informar sobre datos comerciales.
Actualmente, todo consumidor escrupuloso que se precie dedica una parte de su tiempo a rebuscar en Internet todos los detalles posibles sobre los productos y servicios que desea adquirir. Si hay conocimientos específicos que se le escapan, puede también informarse sobre ellos. Por eso, el economista debe ser creativo con sus conocimientos financieros para crear un nuevo servicio no existente actualmente. Y el comercial ha de ser capaz de pensar por el cliente.

El mercado de la era tecnológica va a basar el valor añadido de las transacciones en la creatividad, en las ideas que compren y vendan. Pero las ideas, la creatividad son bienes fungibles. En el momento que salen al mercado, se consumen. En la era industrial, una fábrica de coches ganaba dinero con la venta de los mismos. En la era de los servicios, la empresa de renting recibe su margen financiero gracias a facilitar al cliente la posibilidad de disponer del vehículo. Y en la era tecnológica, una empresa que dé ideas, por ejemplo, sobre transporte, tendrá que aportar constantemente nuevas formas de moverse a las personas, es decir, vender su creatividad.

¿Y esto cómo se hace? ¿Dónde está el dinero en la era tecnológica? Pregúntaselo al gurú amerciacno. Te venderá sus ideas por unos cuantos euros.

 


 

 

Ip Mark Extra, el número 592. Página 190

 

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